Recorre un itinerario con puntos fotográficos situados en los espacios más emblemáticos de Vall de Núria, entre el Santuario y el lago.
A lo largo del recorrido, descubrirás miradores y rincones ideales para capturar el valle desde diferentes perspectivas, mientras conoces mejor el entorno y su historia.
Un circuito corto y accesible, pensado para hacerlo con calma y llevarte un recuerdo visual de tu visita.
Duración aproximada: 25 minutos. Apto para todos los públicos.
1. Santuario
Primera capilla:
La leyenda de Sant Gil, que veremos en el punto nº 5, nos habla de cómo este santo realizó la talla de la Virgen de Núria y de cómo posteriormente tuvo que ocultarla enterrada en una cueva y marcharse al ser perseguido. Años más tarde fue encontrada por los pastores del valle, y de ahí nace la devoción hacia ella en la zona, celebrándose la primera misa en el año 1079. No obstante, la construcción de la primera capilla se atribuye, según la leyenda, a un peregrino llamado Amadeo (año 1072).
Segunda capilla:
Los primeros datos históricos de Núria, bien documentados a finales del siglo XI y XII, hablan de la coexistencia de dos capillas: la primitiva, construida por Amadeo, y una nueva más espaciosa edificada en el centro del llano de Núria. También se menciona el domus hospitalis, es decir, un lugar destinado a alojar peregrinos y caminantes. En documentos posteriores, este hospital o hospedería, probablemente ampliado, recibe el nombre de Casa de la Volta y consta que no fue derribado hasta 1675 para dar paso a nuevas construcciones.
Iglesia antigua:
El creciente número de devotos que acudían a Núria motivó, ya en el siglo XVII, la construcción de una iglesia de mayores dimensiones, adosada al norte de la capilla anterior. Las obras comenzaron en 1639 y la iglesia fue inaugurada en 1642. Casi destruida por un terremoto en 1829, fue reconstruida posteriormente.
Iglesia nueva:
La necesidad de construir una nueva iglesia de gran capacidad fue impulsada inicialmente por el padre Joan Salomó y por el entonces obispo de Urgell, Josep Caixal, quienes confiaron el proyecto al arquitecto Calixte Freixe. Las obras comenzaron en 1883 y se prolongaron durante 28 años, recibiendo un fuerte impulso en 1907 con el nuevo obispo Joan Benlloch. La solemne inauguración tuvo lugar el 8 de septiembre de 1911. La fachada prevista inicialmente en estilo neogótico con dos campanarios puntiagudos se transformó finalmente en la actual fachada neorrománica, finalizada en 1946, con un único campanario central, concluido en 1964, que da acceso al templo.


2. Puente y estación del Cremallera
Cremallera:
A partir de 1916 el Santuario permaneció abierto todo el año debido al auge de esquiadores y excursionistas. Esto hizo que en 1917 se empezara a plantear la necesidad de construir una carretera o un funicular para acceder a Núria. El obispo de Urgell, Joan Benlloch, y su sucesor, Justí Guitart, fueron firmes defensores de esta iniciativa. Finalmente se optó por el tren cremallera. Las obras comenzaron en mayo de 1928 y duraron tres años. La dirección estuvo a cargo del ingeniero Montserrat Fenech i Muñoz. Aunque se calcula que participaron unos 800 hombres, en algunos momentos se superó el millar de trabajadores.
Durante la construcción se utilizaron dos locomotoras de vapor procedentes del cremallera de Montserrat. Una vez electrificada la línea, el 22 de marzo de 1931 se inauguró oficialmente el cremallera de Núria. Con una pendiente máxima del 15%, cuenta con 9 puentes, 8 túneles y 4 estaciones, siendo la de Núria la última en construirse, en 1953.
El arquitecto Danés y el puente de madera:
El arquitecto Josep Danés recibió en 1921 el encargo del obispo Justí Guitart de renovar el llano de Núria, donde convivían edificios de servicios y religiosos de distintas épocas. Su proyecto contemplaba el derribo de edificios para habilitar una plaza cerrada presidida por la fachada del Santuario y dos grandes torres puntiagudas. Finalmente, ni la plaza se cerró ni se construyeron dichas torres.
Para conectar los edificios con la estación por encima del torrente de Mulleres, se construyó un puente de madera cubierto con pino melis y tejado de pizarra. Este puente, tan característico del paisaje de Núria, está inspirado en la arquitectura de montaña suiza; Danés se inspiró en el hospicio del paso del Gran San Bernardo y en los puentes de Lucerna. El puente se inauguró en 1933.


3. Font de l’Esquirol:
La moixera de guilla:
Es una especie autóctona de Islandia, de entre 10 y 15 metros de altura, con hojas compuestas, alternas y de borde dentado. Su corteza, gris y lisa cuando es joven, se vuelve más oscura y agrietada con el paso de los años. Sus flores blancas en primavera dan paso a frutos rojizos cuando llega el frío.
Este fruto le da su nombre popular, ya que el zorro lo aprovecha en invierno cuando escasea el alimento.
Los romanos lo fermentaban para producir una bebida llamada cerevisa. Actualmente, en países nórdicos y del este se utiliza para aromatizar ciertos tipos de vodka.
La madera también ha sido aprovechada por su resistencia, especialmente para mangos de herramientas.
Font de l’Esquirol:
Tradicionalmente, los maquinistas del cremallera recogían agua en un pequeño manantial cercano a las agujas de entrada de la estación. Es un agua fresca y pura que desciende del bosque de la Virgen. A finales de los años noventa se construyó la fuente actual junto a una zona de picnic, permitiendo que los visitantes también disfruten de esta tradición.


4. Postal del lago
Paisaje y turismo
La relación del paisaje con los visitantes ya está presente en el siglo XVII, cuando Francesc Marés rompe con la visión peligrosa y endemoniada de la montaña para hablar del llano de Núria como una aproximación celestial. A principios del siglo XX, Joan Maragall también alabara los encantos de Núria con sus gozos, en los que destaca la soledad del entorno. A medida que Núria va creciendo con devotos, va desplazando la imagen más ganadera para dar cabida a los peregrinos, con diversos edificios de servicios y alojamientos. Llegaban por los distintos caminos de peregrinación, sobre todo desde Francia, que gozaba de un progreso económico más avanzado y, por tanto, facilitaba el disfrute del tiempo de ocio.
La renovación arquitectónica de 1923 con Josep Danés y su influencia alpina también provocará cambios en la visión de Núria que no siempre serán bien aceptados. Se discutirán aspectos tan importantes para el paisaje como el acceso a Núria, debatiendo entre carretera, funicular o cremallera.
Incluso en 1912 se valoró un proyecto hidráulico de construcción de una gran presa que habría modificado el paisaje actual por un gran embalse. Afortunadamente, solo se construyó la presa actual en 1956, creando un espacio de ocio y el efecto espejo tan majestuoso que ahora podemos observar.
En los años ochenta también encontramos proyectos de ampliación de la estación de esquí hacia el Puigmal, que finalmente no se llevaron a cabo. A partir del año 1984, la gestión de FGC siempre ha estado orientada a la preservación del entorno natural. A principios de los años 90 se realizó la jardinería actual del entorno de Núria, buscando siempre este equilibrio entre facilitar el acceso y respetar el entorno.
Cada generación somos modificadores del paisaje; lo fueron los primeros ganaderos del neolítico con el aprovechamiento de cuevas, Amadeu con su capilla, o los condes de la Cataluña medieval gestionando pastos. Siempre buscando el aprovechamiento de los prados, la conexión religiosa o disfrutando del excursionismo desde sus orígenes; solo nos queda seguir poniendo por delante de todo el respeto al entorno natural y al patrimonio histórico.


5. Fuente de Sant Gil
Aunque era originario de Atenas, la leyenda dice que hacia el año 700 Sant Gil llegó a Núria procedente de la Provenza, donde había fundado un monasterio. Tenía el objetivo de alcanzar la paz y la tranquilidad de la vida eremítica. Sant Gil pasaba los días entregado a la oración y a la elaboración de sus propios iconos, entre ellos la imagen de la Mare de Déu de Núria. Dicen que, cuando Sant Gil llegó al valle, ya llevaba consigo la cruz.
El santo se alojaba en una cueva que ahora lleva su nombre y dedicaba parte de su tiempo a convivir con los pastores que llevaban el ganado a los prados de aquellas montañas. Con ellos compartía su comida: un poco de grano y habas cocinadas en una olla de cobre. Cuando la comida estaba lista, Sant Gil hacía sonar una campana para avisar a los comensales.
La estancia de Sant Gil en estos valles impregnados de nieve y agua duró tan solo cuatro años. Perseguido por diversos conflictos, Sant Gil tuvo que marcharse apresuradamente a la Provenza.
Pero antes escondió su pequeño tesoro: la imagen de la Mare de Déu, acompañada de los tres objetos que más tarde se convirtieron en símbolos de Núria: la campana, la cruz y la olla.


6. Las montañas de Núria
Núria se encuentra en pleno corazón de la alta montaña de los Pirineos. El Santuario se sitúa a casi 2.000 metros de altitud, en el punto donde confluyen tres valles: al oeste se encuentra el valle de Finestrelles, con el valle subsidiario de la coma de l’Embut; al norte, el valle de Eina; y al este, el valle de les Molleres, formado por los de Noucreus y Noufonts.
El conjunto de todos estos valles constituye una cabecera montañosa rodeada por una larga y alta cresta semicircular que la cierra por el este, el norte y el oeste por encima de los 2.700 metros, conocida con el nombre de la Olla de Núria, con su punto culminante en la cima del Puigmal de 2.913 metros. Por el sur, una roca escarpada y elevada cierra el conjunto de estos valles.
El excursionismo surge en Cataluña a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en unos inicios en los que se mezclaban los objetivos científicos y culturales, y gradualmente se fue construyendo el modelo actual que engloba tanto la parte deportiva como la cultural y natural. Vall de Núria es cuna del excursionismo y base de aprendizaje de multitud de montañeros y alpinistas que han realizado grandes ascensiones por las diferentes cordilleras del planeta. Una extensa red de senderos permite disfrutar del valle, sea cual sea nuestro nivel u objetivo.


7. Fuente del Dr. Bassols
La historia de Núria siempre ha estado ligada a uno u otro personaje que ha dejado su huella en el valle, ya sea por su función o bien por su devoción. Desde Sant Gil y Amadeu, protagonistas de la leyenda de Núria, hasta la actualidad, la lista es innumerable a lo largo de más de mil años de historia.
Ciertamente, tenemos más datos de la época moderna, ya que encontramos más documentación escrita, pero personas que se han sentido atraídas por Núria hasta convertirla en el eje central de sus vidas las podemos encontrar en todas las épocas. Como por ejemplo Francesc Marés con la publicación de su libro “Història i miracles de la sagrada imatge de nostra senyora de Núria” en 1666.
Ya en el siglo XX encontramos al obispo Joan Benlloch como impulsor decidido en la finalización del nuevo templo inaugurado en 1911, y promotor de la comisión para un nuevo acceso a Núria. Le siguió al frente del obispado de La Seu d’Urgell el obispo Justí Guitart, ferviente nuriense y artífice del Santuario actual, al impulsar el derribo de los antiguos edificios para un nuevo proyecto confiado también al imprescindible Josep Danés. Fue el arquitecto que impregnó el Pirineo de una arquitectura inspirada en los valles alpinos.
El ingeniero Montserrat Fenech estuvo al frente del colosal proyecto de la construcción del cremallera, finalizado en 1931. También el sacerdote e historiador Fortià Solà realizó un gran trabajo sobre Núria. O otro sacerdote como mossèn Bonaventura Carrera, que se llevó la Mare de Déu a Francia, por el coll de Finestrelles, para protegerla de una quema casi segura en los inicios de la Guerra Civil.
Otros quizá no han sido tan relevantes, pero forman parte del entorno nuriense dando nombre a pequeños lugares encantadores, como el pont de l’Escudé en el valle de Noucreus, en deferencia a uno de los primeros guías de montaña del valle.


8. Sant Gil y fuente Dr. Tarrés
La ermita de Sant Gil se construyó en 1615 y actualmente es el edificio más antiguo del valle. No debe confundirnos la dovela de la portada en la que aparece la inscripción de 1644, ya que pertenece a la iglesia vieja, que al ser derribada se conservó y se colocó en la ermita de Sant Gil.
A comienzos de la Guerra Civil muchos símbolos eclesiásticos fueron destruidos, como el retablo de madera que había en el Santuario, o la ermita, que fue quemada y destruida. En 1951, mediante una admirable campaña popular, que consistió en enviar cartas a todas las personas que se llamaban Núria para invitarlas a hacer una aportación, pagando un ladrillo o una piedra que llevaría grabado su nombre para la posteridad. Colaboró todo el mundo, incluso los medios de comunicación de masas. Con la recuperación de la capilla de Sant Gil, Núria recuperaba uno de los espacios que formaban parte de su paisaje simbólico y mítico.
Recibió una última rehabilitación en 1999, dejándola tal y como la vemos actualmente.

